Pepe Viyuela: “Todo el tema de la alfombra roja y las apariencias, no lo llevo bien”

By 22 de setembre de 2021 octubre 14th, 2021 cultura

Cuéntame un poquito, ¿cómo recuerdas tus inicios? 

Fueron tiempos muy bonitos porqué no pensaba que el teatro fuera a ser nunca mi profesión y me lo tomaba como un juego.

De hecho estudiaste Filosofía.

Sí, pero bueno, mientras estudiaba Filosofía seguía haciendo teatro y antes de terminar la carrera, me matriculé en la RESAD (Escuela de Arte Dramático) y prácticamente terminé las dos cosas al mismo tiempo. 

¿Te fue fácil empezar? 

Cuando empecé a buscar trabajo me dí cuenta de que no iba a ser fácil, pero como tampoco tenía la idea de que fuera a convertirse en mi profesión, no tenía prisa. Hasta que un día, llegó la televisión y a partir de ahí, ya pude dejar mi trabajo para dedicarme a esto exclusivamente.

Pero no, no lo recuerdo como una lucha en la que me tuviera que abrir camino a base de golpes ni sacrificios. Y en parte, creo que todo fue más bien tranquilo porqué no tenía ningún propósito de convertirme en actor profesional. 

Además de actor, eres payaso. ¿Qué fue lo que te llamó la atención del mundo del clown?

Básicamente que cuando empecé a buscar trabajo —en bares y salas pequeñas de teatro— todos me preguntaban si hacía humor. En la propia calle te dabas cuenta de que era lo que la gente quería ver. Y la verdad, yo hasta ese momento no había pensado en hacerlo, pero ante la demanda decidí intentarlo. 

Fue entonces cuando construí mi personaje, pero no con la idea de ser payaso, sino simplemente de hacer reír. Fuí aprendiendo y llevándome sorpresas muy agradables con el personaje, y fue así cómo, finalmente, acabé siendo payaso. Y la verdad, ahora mismo diría que es lo que más me gusta hacer. 

Para muchos siempre serás el Chema de Aída. ¿Qué recuerdo guardas de aquellos años?

¡Muy bueno! Fueron casi diez años y aprendí —y me divertí— un montón. Había que estudiar mucho, pero al mismo tiempo también nos permitía proponer y jugar muchísimo. Además, creamos un equipo muy bien integrado y nos entendíamos muy bien. Parece mentira que ya hayan pasado siete años desde el último capítulo…

¿Seguís manteniendo el contacto entre vosotros?

Con algunos compañeros hemos coincidido en algunas ocasiones, pero ya no hemos vuelto a quedar todos. Llamas a alguien y quedas para tomar un café, pero es que esa es otra de las cosas que tiene esta profesión; formas un grupo y los vínculos son muy fuertes durante el tiempo que dura, pero cuando este se disuelve, ya tardas más en volver a verte. A no ser que hayas hecho especial amistad con alguien, claro. 

¿Por qué crees que Aída funcionó tan bien?

Porqué tenía una base de guión muy buena, se trabajaba muchísimo y era muy potente. Piensa que cuando llegaban los guiones a la mesa de lectura, ya habían pasado cinco o seis escrituras antes. Estaba muy bien hecho.

Y eso que en televisión va todo muy rápido.

¡Efectivamente! Es que eso en televisión no suele pasar. Y nosotros, en cambio, teníamos una semana por capítulo, era cómo hacer una pequeña función de teatro todas las semanas. Primero ensayábamos con el texto en la mano, después sin texto, luego lo volvíamos a ensayar con vestuario, cámaras y luces, y ya por último venía el público y lo grabábamos. 

Y por supuesto, también jugaron un papel fundamental el reparto —que estaba muy bien elegido— y el equipo técnico, que era buenísimo. 

¿Con qué personaje se te empieza a reconocer por la calle? 

Fue cuando empecé a salir en TVE con el personaje del payaso, allá por el 1988. En aquel entonces todavía no había televisiones privadas, y claro, fue pasar —de la de la noche a la mañana— del anonimato a que me reconocieran en todas partes.

¿Cómo llevaste el cambio? 

Bueno, la primera vez que te piden un autógrafo —porqué entonces no había cámaras— te hace ilusión y a la vez se te hace raro. Y es verdad que durante los primeros meses, me agobié un poco e incluso empecé a pensar que no debía viajar en transporte público, etc. porqué me resultaba bastante incómodo.

Hasta que me dí cuenta que no quería cambiar mis hábitos de siempre y volví al metro, aunque un poco camuflado. (Ríe) Y ahora, que ya pasó aquella época de efervescencia, ya ni siquiera eso. Ahora voy por la calle tranquilamente. Pero bueno, de alguna forma siempre he intentado que el hecho de ser conocido, no cambiase demasiado mi vida.

Las cosas te han ido muy bien. ¿Qué dirías que te hace especial? 

Yo creo que el hecho de ser una persona muy curiosa ha influido en que no haya parado de trabajar. Siempre he tenido ganas de probar cosas nuevas y he dicho que no a muy pocos proyectos. Y me he equivocado muchas veces, ¿eh? Pero siempre he aprendido algo. 

Al principio lo pasé mal, porqué hacía muchísima televisión y tenía muy poca experiencia, y a medida que pasaban los meses notaba que se me iban agotando las ideas y que me había metido en una vorágine de trabajo de la cual no era capaz de salir. Tuve que dejarlo un tiempo porqué no solo me estaba agotando física y mentalmente sino que me dí cuenta que estaba destruyendo todo lo que había creado —incluso las ideas— y que la gente se estaba cansando de ver cada vez cosas más feas. 

Más feas, ¿en qué sentido?

Hombre, porqué al principio fue como muy espectacular el golpe que pegué, pero luego empecé a trabajar en Telecinco y estuve haciendo cosas que no me gustaban nada. Yo mismo las veía y me parecían fatal. Y empecé a recibir comentarios por la calle de gente que me decía: “Qué pena lo que estás haciendo ahora, ¡qué feo es! Con lo bonito que era lo de antes”. Y fue entonces cuando aprendí que uno no puede con todo. En definitiva, podríamos decir que la curiosidad me ha llevado a equivocarme muchas veces, pero que al final casi siempre ha jugado más a mi favor.

¿Y cómo llevas las críticas?

Pues depende de la intencionalidad.

Si son constructivas, ¿se agradecen?

Sí. En seguida se nota cuando alguien —ya sea un crítico o un espectador— te dice algo que no te halaga, pero lo hace con buena intención. Como por ejemplo estos comentarios que te comentaba, que confirmaron lo que yo ya venía pensando.  

Pero cuando las críticas van dirigidas a la línea de flotación, para hacer daño —que eso ocurre también muchas veces— las llevo muy mal. Esas me irritan y me sientan mal, claro. Pero supongo que eso le pasa a todo el mundo. Y más ahora, que con las redes sociales es muy fácil criticar —desde el anonimato— y lanzar piedras para hacer daño. No suelo entrar ahí. 

Y por último, ¿cuál dirías que es el aspecto más negativo de vuestra profesión?

Quizá aquello que tiene que ver con la confusión que nosotros mismos generamos de cara al público; todo el tema de la alfombra roja y la apariencia, no lo llevo bien. De hecho, me parece que es negativo. Hay quien piensa que —en cuestiones de Marketing— está muy bien que se nos considere “estrellas” o personas con glamour, pero yo pienso todo lo contrario. Considero que un cómico/actor debe estar pegado a la tierra y debe salir de casa para encontrarse con la gente. Tiene que ser una persona —digamos— cercana porqué es la mejor forma de conectar y saber cómo habla la gente, cómo se mueve, cómo piensa… Si te apartas, acabas convirtiéndote en un ser extraño y poco empático. Y eso para un actor es mortal.

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